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Juan hace una semana y hoy Pedro y Pablo son personajes supremos del cristianismo por su relación directa con Jesús. El Bautista tuvo su fiesta litúrgica el domingo pasado y los dos Apóstoles la tienen hoy. Sólo falta una cuarta figura, José de Nazaret, para tener al frente lo mejor de los varones de fe cristiana.
José fue un obrero humilde y valiente que se encontró con un tesoro en las manos: Jesús, hijo de María. Sin saber por qué, José defendió la vida del Hijo desde el momento de su nacimiento. El rey Herodes el Grande quería matar al Niño que Dios había enviado a la humanidad para mostrar el verdadero camino de una vida noble y digna. Perseguido por los poderosos que se deleitan con su capacidad de hacer el mal a los inocentes, José abandonó su patria para proteger al Niño. La Biblia no presenta una sola frase pronunciada por José. No era uno que hablaba y discurseaba. Era uno que actuaba y que salvó la vida del Niño. Nunca supo que Jesús, cuando se hizo Hombre, fue asesinado por el poder imperial de Roma.
Juan Bautista preparó al pueblo para la llegada pública de Jesús, anunciando en Galilea: "Detrás de mí viene uno que es más fuerte que yo, y no soy digno de inclinarme para desatar sus sandalias. Yo bautizo con agua, pero él los bautizará con Espíritu Santo". Jesús vino al río Jordán para ser bautizado por Juan, que le dijo: "Soy yo el que necesita ser bautizado por ti ¿y tú vienes a mí?" Jesús respondió que esa era la voluntad divina, y cuando salía del río, Dios declaró desde el cielo: "Este es mi Hijo Amado, en quien me complazco". Juan fue también el profeta que luchó contra el mal de los poderosos en la sociedad. Cuando los dirigentes de una nación se corrompen, son infieles a sus deberes con el pueblo y dan mal ejemplo con su vida degradada y escandalosa, los profetas vienen a echárselo en cara de parte de Dios. Eso sucedió con el presidente de Galilea, Herodes Antipas, que fue criticado y condenado públicamente por Juan. Pero los poderosos corruptos matan a los profetas. Herodes encarceló a Juan y, en el estupor de una borrachera de cumpleaños, ordenó su muerte por decapitación.
Pedro fue un pescador del Lago de Galilea, cercano a donde nació Jesús. Un día un desconocido vino a su barca y le dijo: "Vamos al centro del lago y echa tus redes". La respuesta de Pedro fue: "¡He trabajado toda la noche y no he pescado nada!" El desconocido le dijo que de todos modos eche la red, y la pesca fue tan abundante que unos amigos, en otro bote, tuvieron que venir a socorrerlos. "Aléjate de mí porque soy un pecador", dijo el pescador a Jesús. "Desde ahora pescarás personas", fue la respuesta. Y así nació una relación extraordinaria. Mucho tiempo después Jesús dijo a Pedro: "Cuando eras joven hacías lo que tú querías, pero cuando seas viejo te atarán y llevarán a donde tú no quisieras ir". Pedro murió crucificado en Roma durante la persecución de Nerón, treinta años después de Jesús.
Pablo fue el más inteligente y mejor preparado de este cuarteto. Estudió mucho en su juventud y se convirtió en un rabino predicador y escritor que envió sabias cartas teológicas a distintas comunidades cristianas. Su fama fue grande entre los paganos, a quienes se dedicó totalmente. Los cristianos judíos tenían diversos apóstoles que podían darles las enseñanzas de Jesús, y Pablo decidió predicar a aquellos que no tenían la ventaja de conocer la Ley de Moisés. Siendo un ciudadano romano con todos los privilegios que esto significaba, Pablo en verdad fue el fundador del cristianismo que se extendió por todo el mundo. Sus cartas son fundamentales para todos los discípulos. No conocerlas y no vivirlas es una pérdida lamentable.
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